Cuando nos duele ver incoherencia en los demas

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Desde que somos muy pequeños nos damos cuenta de la incoherencia de las personas, la vemos en nuestros padres, en la escuela y más tarde en los políticos y en todas partes. De alguna manera somos conscientes de las contradicciones que las demás personas manifiestan en lo que dicen y en sus comportamientos.

A medida que vamos creciendo, esa incoherencia que antes parecía una anécdota, se va tornando cada vez mas complicada de digerir porque comenzamos a temer ser afectados de manera personal. Luego la encontramos en nuestra propia pareja, en los jefes en el trabajo, en los grupos y amistades que vamos formando y ahora nos puede afectar cada vez más de cerca.

Buscamos diferentes estrategias para lidiar con ella. Habrá quienes tengan cierta habilidad para enfrentarla, otros presentarán verdaderos dolores de cabeza y hay quienes podrán sentirse bastante deprimidos al no comprender esa irracionalidad que les genera inestabilidad, inseguridad y miedo. Todo dependerá, principalmente, de nuestro equilibrio e inteligencia emocional.

 

La incoherencia existe y no podemos taparnos los ojos frente a su existencia. Sin embargo, solo te puede crear problemas cuando sientes miedo de ella, cuando sientes que puede llegar a perjudicarte directamente. Entonces comienzas a preguntarte cómo moverte, qué hacer, qué decir para poder sentirte a salvo. Pero debido a que la incoherencia no es coherente, las situaciones se pueden tornar bastante difíciles de manejar.

La incoherencia existirá mientras no exista el amor incondicional. Solo el amor tiene una sensatez y una lógica perfecta. A mayor ausencia de amor, más incoherencia veremos a nuestro alrededor y mas miedo sentiremos. Pero no tan solo la practicarán los demás, sino que también la estaremos ejerciendo nosotros mismos en cada momento de la vida al igual que los demás.

Todos somos y seremos incoherentes mientras no alcancemos altos niveles de consciencia o mejor dicho, mientras no podamos amarnos incondicionalmente los unos con los otros. Es esperable que seamos incongruentes en nuestro camino hacia recordar quienes somos, por lo que podemos comenzar a practicar, desde ya, la paciencia, la compasión y un alto grado de entendimiento para con nosotros mismos y los demás.

¿Qué utilidad tendría acusarnos, juzgarnos y condenarnos mutuamente por algo que todos estamos haciendo?

Al comprender profundamente esto, bajan nuestros niveles de molestia, angustia y miedo cuando nos enfrentemos a este tipo de situaciones. El que se sienta libre de pecado que tire la primera piedra.

Y esto es solo una parte, ya veremos que hay mucho más que ver en esta situación. Cuando estamos más serenos somos más inteligentes y esa inteligencia nos puede llevar a descubrir aspectos maravillosos que se encuentran justo detrás de esta incomodidad.

Mientras vamos avanzando al recuerdo de nuestra perfección, es usual que guardamos información discordante en diferentes carpetas de nuestra mente sin darnos cuenta de este fenómeno. Se requiere una honesta retroinspección para percatarnos de cuándo estamos gobernando nuestras vidas con dos ideas totalmente contradictorias entre sí.

Te doy algunos ejemplos:

Celebras a alguien por algún logro, pero en el fondo sientes envidia de ella.

Te callas de decir algo que te molesta diciendo que no es nada.

Una parte de ti tiene certeza de que puedes conseguir alguna cosa en particular y otra parte de ti duda que lo puedas conseguir. 

Dices que el dinero no es importante pero sufres por no tener lo que necesitas.

Dices que algo no te importa mientras te desvelas por la noche, dolido por la situación. 

Son muchas las incoherencias que sostenemos a diario y no somos conscientes de ellas.

¿Por qué nos duele tanto observar la incoherencia en los demás?

La principal razón de ese dolor es el miedo, miedo a no saber qué terreno pisar, a tener dificultades innecesarias, a sufrir daño a causa de los demás. El tipo de miedo que puedas sentir es muy personal y dependerá de las experiencias que hayas experimentado en tu infancia. Si, por ejemplo, te sentiste defraudado por tus padres cuando eras pequeño, cualquier indicio de ese sentimiento te dolerá al verlo reflejado nuevamente en los demás.

Todo lo que vemos en los otros y que nos duele, se debe a emociones no procesadas que han quedado en nuestro subconsciente y que se activan automáticamente al interactuar con los demás. Las personas que nos rodean funcionan como espejos que reflejan nuestros miedos más internos. Lo que genera miedo en ti puede no generar miedo en absoluto a otra persona.

Cuando te veas afectado(a) emocionalmente por la incoherencia de los demás piensa en lo siguiente: pregúntate cuál es el miedo que se activa en ti al presenciar eso. Inicialmente puede aparecer como ira, pero al profundizar siempre encontrarás algún tipo de miedo.

Sabrás que estás sano(a) de ese reflejo cuando al observar la incoherencia en los demás  puedas sonreír y dejarla ir como corre el agua del rio.

Para llegar a este maravilloso estado del ser, tendrás que perdonarte a ti mismo tus incoherencias primero, para luego poder perdonar las incoherencias de los demás.

El amor es el bálsamo que puede comprender y suavizar lo que sucede.

Patricia González

www.evolucionespiritual.com

Lectura del Aura, Consulta Virtual, Coaching

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